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Esquemas básicos de iluminación para fotos culinarias

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Hoy os vamos a contar los fundamentos, sencillitos a más no poder, de montar un tenderete para hacer fotos de los magníficos platos que cocináis… ejem, y que tenga todo buena pinta, es decir, unos esquemas básicos de iluminación para hacer fotos culinarias que cualquiera puede montar en su casa, sin grandes equipos ni nada, y ser la envidia de la vecindad. Y como os digo siempre: esto es lo que yo hago, pero habrá otras mil posibilidades. Sí, queridos, vosotros podéis.

Empezaremos por decir que los gastrónomos aficionados y gastroblogueros irredentos pocas veces tenemos acceso a equipos decentes de iluminación artificial, por lo que nos tenemos que apañar con luz natural. Que no es nada malo, oyes. La luz natural es gratis y la tenemos a mano. Lo primero es buscar una buena localización junto a una fuente de luz natural, ventana, claraboya o similar, en la que no dé el sol directo. Lo tradicional es que tenga orientación norte.

Y lo segundo que necesitamos es una mesa donde apoyarnos, que no tiene por qué ser muy grande. Encuentro que es más cómoda si es más baja de lo normal, pues nos permitirá hacer fotos desde cierta elevación sin grandes dificultades. aunque para hacer tomas cenitales puede ser necesario poner un tablero en el suelo, según cómo seáis de altos (yo soy canija). Normalmente uso una sencilla mesita de camping, que puedo recoger cuando no la voy a usar y poner sobre el suelo también, con las patas plegadas.

Si la mesa no es bonita (como es mi caso) le pondremos por encima un mantel o un tablero fetén de los que aprendimos a hacer en nuestro artículo sobre cómo hacer fondos para fotos. Y como fondo detrás de la mesa, una cortina, otro tablero, una pared bonita (yo no puedo usar mis paredes porque son de gotelé, grrrr…), etc. A veces he usado de fondo una pantalla antigua para proyectar diapositivas, que además puedes colgarle telas o lo que quieras. Mi mesa es canija, mide 60 cm de largo por 40 cm de ancho; los profesionales recomiendan por lo menos 1 metro de ancho por 2 metros de largo.

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El montaje tal cual, junto a la ventana, con luz natural del norte y sin nada más es el que se ve en la foto anterior. Y la imagen que resulta es la de la derecha, después de exponerla correctamente (véase nuestro artículo sobre el histograma para torpes), de ajustar los blancos, (véase nuestro artículo sobre el balance de blancos) y de añadir un poco de claridad y enfoque (véase el artículo sobre los ajustes con ACR). Está bien iluminada por la derecha y no hay unas sombras excesivas por la izquierda. El salón está pintado en tonos claros y refleja algo de luz.

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Si los brillos son excesivos, porque haya mucha luz en el exterior o porque los objetos de la fotografía sean muy brillantes, puedo difundir la luz que viene del exterior colocando un difusor, como se ve arriba. Yo tengo uno, pero no es imprescindible, un visillo no muy tupido vale igualmente. El resultado es la imagen de la derecha, arriba. Observadla bien: tiene una luz más suave (difusa) y por lo tanto unas sombras menos acusadas que la anterior.

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Una variación que podemos hacer a la luz que incide sobre el montaje es hacerla más horizontal. Y ¿cómo? Pues bajando un poco la persiana; vemos que las sombras se hacen algo más acusadas y se alargan, pero sin perder mucha suavidad, puesto que seguimos usando el difusor. Se parece un poco a la foto que hemos hecho sin difusor, pero hay diferencias sutiles, mayor riqueza de tonos. Esta iluminación baja da una sensación de intimidad que es muy agradable.

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Para rizar el rizo, si queremos una iluminación clara, suave y sin grandes sombras podemos hacer otra cosa: rebotar luz a la escena por la izquierda, para eliminar esas sombras. Y ¿eso cómo se hace? Pues reflejando la luz de la ventana con una superficie blanca o brillante desde el lado opuesto. El tipo de difusor que uso tiene una funda con superficie reflectante (como se ve a la izquierda de la foto), pero simplemente una lámina de papel de aluminio de la cocina hace el mismo efecto o uno de esos parasoles de los coches con superficie plateada. Equipo low-cost.

Si reflejamos la luz con una superficie blanca el efecto es menos acusado; yo antes de tener estos aparatejos usaba una sencilla placa de porexpan para este menester. Las superficies reflectantes las suelo sujetar yo misma con estas manitas; pongo el disparador automático de la cámara y me coloco en posición. Vemos que con un esquema muy sencillo podemos jugar con la luz para conseguir efectos ambientales ligeramente distintos, más intimista, más suave, etc.

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Otro montaje muy habitual es el que se usa para tomas cenitales, desde arriba de la escena (foto superior). A no ser que tengáis mucho espacio y un buen sitio donde subiros, lo más corriente es montar el tenderete en el mismo suelo. Aquí podemos jugar con la iluminación exactamente igual que en el esquema anterior, con difusor, sin difusor, etc. Hay que tener cuidado de colocar la cámara justo en el centro de la escena, para que los objetos que están en la periferia no salgan demasiado deformados. Este tipo de configuración le va bien, por ejemplo, a alimentos que queramos presentar en una cazuela.

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El último esquema del que voy a hablar es el contraluz. Es una configuración que le va muy bien a alimentos brillantes, como los líquidos, un asado cubierto de grasilla, etc., cualquier cosa que refleje la luz. Colocamos la escena junto a la ventana, pero la cámara la ponemos enfrentada a la ventana. Por esta razón quedará de frente a las sombras de la escena. Como la gama tonal es tan amplia, si exponemos para las luces, las sombras nos quedarán demasiado oscuras (foto de la izquierda, arriba). Por el contrario, si exponemos para las sombras, las luces quedarán quemadas (foto de la derecha, arriba).

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La solución es reflejar luz por el lado de las sombras al igual que en el primer esquema de iluminación lateral, con una superficie brillante o blanca, para que la iluminación de las luces y de las sombras no sea radicalmente distinta. Observad cómo esta configuración les saca unos brillos a las cucharillas, por ejemplo, que no se consiguen con ninguna de las otras dos configuraciones.

En resumen, que con estas tres configuraciones básicas para colocar vuestras escenas culinarias se pueden resolver las fotos de casi cualquier plato; el uso de una u otra depende del gusto personal y del tipo de alimento. Y veis que no hace falta un equipo muy sofisticado. Lo que sí es necesario es observar la luz, ver de dónde viene, las sombras que proyecta, si le favorece a nuestro plato, etc. Con este resumen de esquemas básicos de iluminación para hacer fotos culinarias ya no tenéis excusa. ¿Sois capaces de deducir ahora cómo está hecha la primera foto?

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Miriam

Miriam

Traductora de inglés a español y química durante 15 años en una vida anterior. Vivo en un pueblecito cerca de Madrid, Galapagar, y trabajo en casa; soy una gran afortunada. Tengo pareja y dos niños con poca sensibilidad gastronómica. De momento. Pero por lo que estoy aquí es por mi afición a la cocina en general y a la repostería en particular, que me viene de familia, de mi madre y de mi abuela paterna. Y esta afición me ha llevado, además de a tener un blog de cocina con el que me lo paso pera, El invitado de invierno, a impartir algún que otro curso de cocina en la escuela de Madrid La Cocina de Babette.