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Brazo decorado para el Día del Padre


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Brazo decorado para el Día del Padre


Hoy preparamos este brazo decorado para el Día del Padre, dedicado a esa persona que nos ha dado tanto en la vida, esté o ya no esté.
Esta receta nos ha parecido genial y por eso la hemos querido hacer y enseñaros aquí cómo prepararla en casa. Aunque parezca difícil, es muy sencilla de hacer, eso sí, requiere de cierta habilidad con la manga pastelera y paciencia, porque lleva su trabajo, nada a lo que vosotros no estéis acostumbrados.
Un precioso brazo de gitano relleno de buttercream, pero lo más llamativo son las letras hechas con esta boquilla y el resto de la decoración para la que hemos usado esta otra. El bizcocho lo hemos hecho de cacao en polvo y merengue estabilizado con cremor tártaro. El resto es tan sencillo que ya veréis vosotros qué fácil es de preparar.

Receta de brazo decorado para el Día del Padre

Ingredientes:

Para la masa de las letras y decoración:

Para el bizcocho:

Para el merengue:

  • 4 claras de huevo
  • Una pizca de sal
  • 105 g de azúcar
  • Una cdta. de cremor tártaro

Para el relleno:

Elaboración:

Para las letras y la decoración del bizcocho:

  • Cuando tengamos un batido homogéneo incorporamos la clara de huevo.
  • Agregamos la harina hasta que tengamos una masa homogénea y aromatizamos con el extracto de cerezas (o el de frambuesa).

  • Dividimos la masa en varios cuencos y les aplicamos a cada uno el color que elijamos. Nosotros hemos usado: girasol, verde hoja, violeta y turquesa.
  • Ponemos la masa para las letras en una manga pastelera con esta boquilla y el resto de las masas en mangas pasteleras, con esta otra boquilla.
  • Escudillamos los dibujos y las letras sobre el papel de horno de la bandeja. Retiramos la plantilla y congelamos.


Para el merengue y el bizcocho:

  • Hacemos el merengue batiendo las claras con la pizca de sal en un robot de cocina y vamos añadiendo el azúcar poco a poco hasta tener un merengue. Echamos el cremor tártaro al final para darle estabilidad al merengue y reservamos.
  • Para hacer el bizcocho añadimos poco a poco el agua caliente al cacao en un tarro. Reservamos.

  • Blanqueamos un poco las yemas en el robot de cocina, añadimos el azúcar poco a poco, después la mantequilla fundida y por último el aceite vegetal, también poco a poco.
  • Incorporamos ahora el cacao diluido y el extracto de vainilla.

  • Añadimos un tercio de la harina junto con una de las cucharadas de agua. Cuando se hayan incorporado añadimos un segundo tercio de harina y una segunda cucharada de agua. Continuamos batiendo a velocidad lenta hasta incorporar toda la harina y el agua.
  • Mezclamos de forma envolvente el merengue con la masa, mejor si lo añadís en tercios para que no se baje mucho la masa.

  • Vertemos la masa sobre la bandeja de horno, la extendemos con una espátula, le damos un par de golpes sobre la encimera y horneamos durante 15 o 20 minutos, o hasta que esté hecho.
  • Retiramos del horno, le damos la vuelta inmediatamente sobre un paño húmedo, retiramos el papel de horno, cubrimos con otro paño húmedo y enrollamos con ayuda de un rodillo poniéndolo en el centro. Dejamos enfriar mientras preparamos el relleno.


Para el relleno:

  • Batimos la mantequilla con la sal y el azúcar en un robot de cocina. Añadimos el extracto de cerezas y la leche por cucharadas hasta obtener la consistencia deseada.
  • Extendemos en el interior del bizcocho una capa homogénea de buttercream y cubrimos con frambuesas.

  • Enrollamos el brazo de gitano con ayuda de un paño o un tapete y refrigeramos por lo menos durante cuatro horas.

  • Cortamos los extremos del brazo de gitano con cuidado y lo ponemos sobre una fuente rectangular. Dejamos templar una hora y servimos.


¿Qué os ha parecido este brazo decorado para el Día del Padre? En casa ha gustado mucho. Le hemos puesto frambuesas a la buttercream porque aunque en la receta original recomendaba cerezas, me ha costado encontrarlas en el mercado.

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Raúl

Raúl

La cocina y la fotografía han sido, desde que era muy pequeño, dos de mis grandes pasiones. Disfrutaba en casa destapando las cazuelas en las que hervían los guisos y, apenas con seis años de edad, empecé a saborear la primera cámara que mis padres me regalaron por Navidades. Había que estudiar algo "respetable" y "serio", y mis primeros estudios se encaminaron a cursar la carrera de arquitectura. Ya con el título en la mano, y después de trabajar durante un tiempo en arquitectura -y con la familia contenta-, decidí aprender cocina y fotografía en profundidad. Aprendí de grandes maestros en ambos campos y todavía sigo haciéndolo. En la actualidad mezclo recetas, técnicas e historias de cocina con fotografía en El Oso con Botas.